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domingo, 16 de agosto de 2015

Sin más pretensión: Una caricia.




Un aletazo en el pecho, como señal de esa que a pesar de respirar, casi siempre olvido. Mi mundo, el mismo suyo, el que otros no ven, se sacude con las ráfagas de pálpitos. Llegan con el choque de las terminaciones nerviosas, van minando al tiempo detenido, de sensaciones.

Intensa, la sangre fluye, su rojo pinta la unión de dos lienzos que resultan uno, un sólo tacto, una sola pulsación, ni más lenta, ni más rápida, con la precisa cadencia.

Simple, como el viento estrellándose más allá de la dermis. Así, se cuela su piel en la mía. Anticipando los súbitos escalofríos, que ruedan por cada rincón como una gota de agua, tan inocentes, tan espontáneos. Se toman su tiempo para estremecer, en especial, al abrir los ojos,y compartir la misma sonrisa ahogada en dos suspiros.

1 comentario:

  1. He aterrizado aquí por casualidad y vaya, ¡tomo asiento! Porque estas cosas hay que leerlas sentado. Como la sangre, es intenso, rodando sobre la piel.
    Es genial, de verdad.
    Un besito, señorita anónima.

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