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sábado, 3 de septiembre de 2016

Verde


Lo que espero me espera, sino voy por ello, no vendrá por mi
Paso a paso, me enfrento a lo que no sé, pero siento conocer
Esperar no es pausar, hace parte de buscar, de partir...

Sigo el camino, o no sé si él me sigue a mí
al final, seguimos la esencia misma, que se nos escapa
cuando nos atrapamos, y nos atrapa, cuando nos liberamos


Lo desconocido tiene un tinte de pasado, y de reintentar lo fallido
porque sin haberlo visto, es como haberlo vivido, ignorando el final
similar al paisaje oscuro, que se deja descubrir por el amanecer.

Todos hablan de lo mal que se ve en la oscuridad
pocos, esperan ver aquello que se esconde bajo la falta de claridad
todos escogen el trayecto definido, y ya concurrido, como cualquiera...

Pocos abren nuevos caminos, pocos llegan, pocos viven donde desea.





domingo, 6 de marzo de 2016

Tocando el cielo.




Mas que iluminar, tus palabras se colaron como luciérnagas,
así, encendieron mis latidos. Alejando al fotofóbico miedo, que
roía el corazón con sus consejos. Descubriste lo que guardo, 
ignoraba que era tanto. Me presentaste los sueños olvidados, y 
a esa que siempre me reclamé conocer, y que aunque estuvo...

Jamás había hallado.Jamas había sido, siendo todo lo que soy.

Encontraste el momento oportuno, que en cualquier día hubiese
sido igual. Porque  quererte no dependió del tiempo, ni el lugar.
Única casualidad,  mezclarse mi existencia con la tuya, así tan
simple, espontáneo. Se reconocieron los mismos sentimientos.


jueves, 31 de diciembre de 2015

Paréntesis.



"Cuando no se hace  lo que se desea, uno termina por no saber lo que quiere"-dijo alguien a modo de justificación ante lo que me había pasado- en el momento me pareció una conclusión bastante obvia. Sin embargo, desde entonces, no ha parado de darme vueltas ¿Qué es realmente lo que uno quiere? Aunque se crea tenerlo claro, en el fondo sabemos que en cierto punto del camino, sale a flote semejante cuestionamiento. Afortunados los que se lo preguntan con anticipación a sus elecciones, ¿si existirán tales?

Aquello lo vi venir hace tiempo, pero las cosas pasan en su momento, ni antes, ni después. Ese preciso momento  requiere tiempo. Tiempo para vivir, y en consecuencia, decidir. Aunque más allá de escoger, se trata de no oponer resistencia a la corriente, o en ausencia de ésta, quedarse inmóvil, así también se avanza.

 Lo comencé a saber desde la primera salida de los 365 soles y lunas que hoy parten. Tal vez, ese era mi momento, el preciso. Así, alcanzar la locura suficiente de empezar a escribir; Acumular la libertad necesaria, y recorrer otros lugares; Colmar mis ocupaciones con la debida rutina, para ejecutar algo diferente cada día; Tomar el trabajo tan excesivamente prioritario, para terminar haciendo el paro más longevo de la vida; Acopiar tanta importancia en asuntos altamente lucrativos, para decidir imprimir mis mayores esfuerzos en defender casos, por los que nadie apuesta.

Tuve nada y a la vez tuve más, de quienes ahorran todo el año para dedicar solo un día en lo que realmente desean.

Ahora, en este último sol, me dicen que mañana, el otro año, será mejor. Que todo volverá a la normalidad, que me emplearé  y tomaré  de nuevo mi norte, que todos vivimos un año de pausa, y el mío ya terminó. Lo que no saben es que uno nunca termina de hacer lo que quiere, lo que no saben, es que a veces, el paréntesis es la historia principal.

Antes que la luna postrera venga a despedirse, debo reconocer que todavía falta demasiado valor para seguir la corriente de mi esencia, pero quizás para ello, aun no ha llegado el momento preciso, que tal vez, así lo quiera el destino, y sobre todo mi voluntad, llegue mañana, dentro de una hora,  el nuevo año.

viernes, 11 de diciembre de 2015

Tan difícil, tan esencial.



 
Tantos partidarios; Tanta retórica; Tantos asuntos resueltos; Tanta sensatez; Tanta claridad y, elocuencia. Tanto autocontrol; Tan fácil ¡Tan irreal!..Tantas ganas de huir.
 
Tan pocos son los imprudentes, los que criterio tienen; Tan ausente, la palabra que no arruina el silencio; Tan escasa, la explicación que descubre lo inteligible. Excesiva entelequia, contiene la solución que desenmaraña la mente; Tan perdida la cordura. Tanta complejidad ¡Tanto sentido! Tantos motivos para continuar.

 

 

domingo, 22 de noviembre de 2015

Si es a la playa, no voy.


Diciembre, cuando se supone que el frío, y el gris, se empiezan a apoderar del cielo, los planes y los huesos. El brillo del sol con un tono burlesco, se refleja en las vitrinas, y en el cuero de las chaquetas que reposan olvidadas en el mall . Por una razón, que él sólo sabe, se resiste a tomar su acostumbrado trimestre sabático.Continua siendo cómplice de quienes: Corren sin camisa, toman la cerveza helada, o invitan a la playa.

A mi, no me inviten. Cada vez que voy, el mensaje llega. No en la botella; Ni a cargo de alguna paloma; Tampoco, en el letrero de la avioneta que pasa de lado a lado con publicidad; No se trata de un papel escrito, ni siquiera su remitente desea enviarlo, o tal vez, la telepatía aun funciona...La destinataria, siempre yo.

Así no lo vean, viene envuelto en la espuma del vaivén de las olas, se deja descubrir por mis manos, y ahí empieza la lectura: Entre líneas, irrumpe en el refrescante olvido, y revive esa mezcla de coco con agua dulce, que tanto me recuerda el sabor de su piel, aunque ahora no sea verano.

 No me inviten, aunque quiera ignorar, y me sumerja, la realidad es la misma. En la superficie, ó bajo la marea, sigo sin verle. No se distinguir, entre mis lagrimas, y el mar. Ahora, saben igual, y muy diferente a cuando estaba. Sus gotas eran más azules, cuando por sus labios rodaban. Los días pintaban fugaces, así hubiera solsticio, duraban tanto como una burbuja en el aire; Los arreboles, lo saben, fueron testigos de los besos que todavía flotan por ahí, y de la renuencia compartida por regresar a la orilla.

 No me inviten, cuando la arena me queme los pies, y me pregunte  ¿Dónde está? ¿ A dónde fue a parar? No se que decirle. Si por nuestra culpa, los caparazones de caracol, abundan, ya no hay quien los recoja, ahora solo son simples calizas; Reemplazan los castillos, en los que un día juramos vivir. Los mismos que inocentemente creimos, nunca se derrumbarían.

Sé que si voy, cuando las gaviotas pasen, me van a reclamar por su ausencia, y las figuras se desperdiciarían, una a una, sin poder vernos discutir su forma. Y yo ¿Cómo les explico? Si a mi también me falta, si yo creía en la magia de la playa, pero sin su sonrisa ya no tiene gracia. El día sobrevive sin final, y las palabras nunca pronunciadas-las que pudieron impedir su partida- se reproducen sin parar.

  Le doy la espalda al atardecer naranja y ¿qué?; Cierro las ventanas y ¿qué?; Bajo las persianas y, ¿qué?

No me inviten, estoy por sospechar que aquel perdido invierno, el que nadie busca,  y no se molestan en hallar, se ha quedado instalado aquí, conmigo.









sábado, 10 de octubre de 2015

Pasa sin pasar.



Empieza de cero, desde que vimos la luz comenzó a correr, incluso mucho antes. No se ha detenido, y tampoco es posible retroceder. Ni siquiera el arrepentimiento lo puede evitar, transcurre por encima de los deseos, los sueños, la muerte y la suerte.

 Pasa, deja huellas, cura heridas, trae unas nuevas, marca cicatrices; Pasa, y las oportunidades igual. Nos quita y nos concede, cualquiera que sea, también pasan.

Con cada paso, nos va desatando el nudo en la garganta, nos deshace el amor, nos desgasta la paciencia, la credulidad, y la piel.

Avanza, y nos aproximamos a la realidad, resultamos de frente con los finales de cada comienzo. Pero,¿Cómo poder entenderlo? ¿Cómo  aceptar que todo llega y se va?

  Resulta poco consecuente, hablar de "para siempres", y a la vez usar el reloj. Asi como se torna contradictorio, que el tiempo pase, sin que nuestro encuentro siga sin pasar.

domingo, 16 de agosto de 2015

Sin más pretensión: Una caricia.




Un aletazo en el pecho, como señal de esa que a pesar de respirar, casi siempre olvido. Mi mundo, el mismo suyo, el que otros no ven, se sacude con las ráfagas de pálpitos. Llegan con el choque de las terminaciones nerviosas, van minando al tiempo detenido, de sensaciones.

Intensa, la sangre fluye, su rojo pinta la unión de dos lienzos que resultan uno, un sólo tacto, una sola pulsación, ni más lenta, ni más rápida, con la precisa cadencia.

Simple, como el viento estrellándose más allá de la dermis. Así, se cuela su piel en la mía. Anticipando los súbitos escalofríos, que ruedan por cada rincón como una gota de agua, tan inocentes, tan espontáneos. Se toman su tiempo para estremecer, en especial, al abrir los ojos,y compartir la misma sonrisa ahogada en dos suspiros.