A veces recaigo.
Así como en el verano, como mariposas se posaron en sus
labios, revolotearon mis sentidos, entretenidos por el sonido al morder fresas. Un pedacito de sol cubría todo su cielo, iluminando mis más
oscuros pensamientos, develaron mi
locura, la que nunca preciso, y que furtivamente aun flota en su piel, cada vez,
que su mirada hace suyos mis suspiros. Entre
los letargos de mi razón, se sumergió su nombre, sin pausa derrochaba recuerdos
indelebles, para la vulnerable posteridad.
A pesar del llamado, mi voluntad se deshizo en su presencia, en el vacío me desconoció. Mientras la lluvia negaba al frío, se diluyeron las pretensiones, la ferviente coincidencia alucinó en la complicidad.
Quizás sería la oportunidad de abandonar, pero la vida no siempre sonríe, continuamos más allá. Todo se puso de presente, hasta las confesiones incontables. Los sueños no existieron, porque la realidad les permitió respirar, así, hiperventilaron todos sus temores. El silencio quedó fuera de sí, cálido y estremecido murió como los robles al nacer.
Nada nos salvó, ni siquiera la consciencia, la pobre no alcanzó su cordura. Y que decir del tiempo, se desgastó de impaciencia ante nuestra huida. El miedo se ahogó, sus burbujas fraguaron la fórmula de la libertad. Poco a poco, suave con luz de luna, se re-mojaron nuestras ilusiones, no recuerdo cuales eran suyas, cuales mías, solo sé que se convirtieron en una.
En el reloj 17:30, pero ¿cómo?, ¿No se había desgastado? se escapa
el día en el naranja atardecer, el mar se estrella en mi realidad y, el viento
me despeina el presente, mientras descubro que narro éste cuento en pasado, sin
rastro alguno de los sucesos ¡(Ben) Malditos sueños!
A pesar del llamado, mi voluntad se deshizo en su presencia, en el vacío me desconoció. Mientras la lluvia negaba al frío, se diluyeron las pretensiones, la ferviente coincidencia alucinó en la complicidad.
Quizás sería la oportunidad de abandonar, pero la vida no siempre sonríe, continuamos más allá. Todo se puso de presente, hasta las confesiones incontables. Los sueños no existieron, porque la realidad les permitió respirar, así, hiperventilaron todos sus temores. El silencio quedó fuera de sí, cálido y estremecido murió como los robles al nacer.
Nada nos salvó, ni siquiera la consciencia, la pobre no alcanzó su cordura. Y que decir del tiempo, se desgastó de impaciencia ante nuestra huida. El miedo se ahogó, sus burbujas fraguaron la fórmula de la libertad. Poco a poco, suave con luz de luna, se re-mojaron nuestras ilusiones, no recuerdo cuales eran suyas, cuales mías, solo sé que se convirtieron en una.

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